Las muertes de conocidos y desconocidos, de propios y ajenos son siempre lamentables pero hay otras además, indignantes.
Ellos eran tres y yo no dejo de pensarlos. Asistimos a las mismas escuelas, compartimos amigos, coincidimos en un escenario que se ha quedado atrás y ya no regresará.
Ellos eran tres y una generación completa los llora, un pueblo los recuerda. Les apasionaban las motos, las fiestas; les gustaba vivir.
Ellos eran tres y los secuestraron. Dicen que por malas transacciones, desdicen los más allegados. Las razones sobran, no llegan a justificar la ausencia.
Ellos eran tres y quedaron muertos a la orilla de una carretera, después de haber pagado su rescate. Todos lo saben, nadie lo cuenta. El temor los calla.
Ellos eran tres y duraron días en el SEMEFO esperando ser identificados, rodeados de otra cincuentena que no han ido a reclamar. La gente tiene miedo, no puede acostumbrarse a la violencia.
Ellos eran tres y eran hermanos. Ellos eran Sergio, José y Ricardo.
Ellos eran tres y ya no están.