lunes, 9 de diciembre de 2013

Tiene que ver con la furia

Tiene que ver con la furia es un ejercicio de escritura para los autores. Andrea Stefanoni y Luis Mey deciden fusionar dos historias independientes en un solo texto con enlaces tan imperceptibles que parecen hasta naturales, frescos.

Tiene que ver con la furia es un ejercicio de escritura para los protagonistas. Sofía y Luciano comparten más que el lugar de trabajo: la urgencia por escupir su desamor (cada uno el suyo propio), el saneamiento mental mediante la redacción, las ansias de independencia y otras tantas nimiedades que mantienen la esperanza de que mientras haya dos que se entiendan, la humanidad no se despedazará a mordidas.

Tiene que ver con la furia es un ejercicio de memoria para la lectora. Recordar el tono dialectal de los diálogos reales con los impresos en las páginas; entresacar las frases que, por cotidianas que parezcan, en México nadie haría propias; reconocer los sitios y rumbos de la ciudad de Buenos Aires, revivir el deleite de haber recorrido los tres pisos de El Ateneo, reavivar temores por ladridos coléricos, aceptar el inevitable cansancio despúes de largas esperas y sobre todo, admitir que el dolor también tiene que ver con la furia. 


lunes, 2 de diciembre de 2013

De repente, una voz nueva

En estos tiempos, en los que abundan los libros malos y los libros buenos son tantos, las publicaciones de Etgar Keret son imprescindibles. Sus letras son dinámicas, inesperadas, entrañables. Hay que leerlo:El conductor del autobús que quiso ser Dios, La chica sobre la nevera, Extrañando a Kissinger, Pizzería Kamikaze, Un hombre sin cabeza, De repente un toquido en la puerta...

Que Julio Cortázar me perdone por quitarle un pedazo de mi corazón y entregárselo sin restricciones a este israelí. Fue inevitable.