En estos tiempos, en los que abundan los libros malos y los libros buenos son tantos, las publicaciones de Etgar Keret son imprescindibles. Sus letras son dinámicas, inesperadas, entrañables. Hay que leerlo:El conductor del autobús que quiso ser Dios, La chica sobre la nevera, Extrañando a Kissinger, Pizzería Kamikaze, Un hombre sin cabeza, De repente un toquido en la puerta...
Que Julio Cortázar me perdone por quitarle un pedazo de mi corazón y entregárselo sin restricciones a este israelí. Fue inevitable.
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