Me deslizo a tu costado, serpenteo a tu derecha. No percibes mi cercanía, respiras profundo y en largas pausas intermitentes. Mi cuerpo frío envidia tu tibieza, quiere apoderarse de tu calor. Rebusco los huecos conocidos para instalarme en ti, engancho mi cabeza sobre tu hombro... sigues impávido ante el inminente robo de energía. Deslizo sigilosa mi mano sobre tu pecho, gimes tolerante. Mi vientre moldea tu cadera. Lentamente, invado tu espacio, te entrepierno. De forma automática enroscas tu brazo hasta mi rodilla.
Es el inicio de la transferencia de calor, es inevitable. Condescendiente, permites mi frialdad sobre tus muslos. Sabes que es cuestión de minutos para que te despojes de algunos de tus grados excedentes de temperatura provocando un equilibrio térmico. Mis pies frotan en forma de ondas tus plantas suaves, se entumecen mis dedos, la sangre activada cosquillea lastimera mis yemas. El piqueteo resulta confortablemente lacerante, se eriza mi espalda como último reflejo de escalofrío. Estoy a unos segundos de adquirir el balance que me adormece, tu ritmo cardíaco se acompasa con mi respiratorio.
Complacidamente aletargada beso en agradecimiento tus párpados por la indolora succión.
domingo, 21 de marzo de 2010
miércoles, 17 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
Lo li ta

Lolita se fue, después de una larga lectura, el libro se terminó. Estoy convencida, llegué tarde a esa novela, me hubiera gustado haberla leído sin pensar en la poca distancia que hay entre la edad de Dolores Haze y mi hija. Me hubiera gustado haberla leído sin angustias, sin temores...
A pesar de esos sentimientos encontrados, disfruté las últimas 100 páginas donde descubrí a un ingenioso Nabokov que, -mientras Humbert me hostigaba con su inquietante pensamiento masculino y el abrumador tedio de un viaje en coche por desconocidas carreteras en línea recta- tramaba la intriga de una persecusión incógnita detrás de esos moteles y pueblos de paso donde el narrador me había obligado a instalarme. Es el momento preciso en que el espía, en uno de sus múltiples autos y bajo cualquier seudónimo, me alcanza en la lectura, cuando la historia revira y los personajes me develan descarados más de una faceta, cuando me hacen replantear el cuestionamiento de quién es el verdadero culpable, quién es la víctima real.
No hay un ser totalmente bueno ni completamente malo sólo hay quienes pueden destrozar corazones y otros que pueden destrozar vidas, circunstancias que indican el camino de la conveniencia.
El tiempo perdido
A pesar de saber que voy a morir, me gusta andar por la vida, jugando a perder el tiempo, como si fuera inmortal.
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