jueves, 31 de julio de 2008

La vida es buena

La vida es buena cuando me despiertan unos labios suaves y cálidos que se despiden; cuando desde mi cama veo por la ventana que aún no ha terminado de salir el sol y alcanzo con mi mano el libro que dejé la noche anterior; cuando mientras busco el pasaje exacto, acaricio mis pies desnudos con la tibieza de la sábana lentamente, como si intentara reconocer los pliegues que se han formado, cuando la neutralidad de los párrafos me adormila hasta perderme en el letargo, por corto que éste sea; cuando la aprendida tibieza de su mano abierta me cubre más de media espalda y me empuja suavemente a su pecho donde encuentro la tranquilidad para anidarme; cuando abro un jabón nuevo, despegando afanosamente las esquinas del empaque sin deformarlo para aspirar su perfume, manteniendo la envoltura pegada a mi nariz hasta que una irritable picazón me obliga a desecharla; cuando beso la finísima piel de los párpados de esos ojos cansados que me hacen cosquillas al abrirse; cuando logro olvidarme de los de la hormona adolescente y me acuerdo de disfrutar de los mínimos placeres que le devuelven la sensibilidad a mi existencia.

lunes, 21 de julio de 2008

Igualdad de géneros

El sábado pasado fuimos en familia a conocer a un nuevo tripulante de este mundo. Fue una manera extraña de recordar que ese mismo día, sólo que 6 años antes, me encontraba en las mismas circunstancias que la nueva mamá, aunque mucho más favorecedoras, tengo que decirlo, como agradecimiento a la vida -que no a mi pelvis, como insisten en recordármelo, a partir de un pertinente comentario de la ginecóloga-. En el hospital sólo vimos al bebé y al papá, que a unas cuantas horas del título, ya se manejaba muy confiado en esos menesteres del cuidado de un hijo. El chiquito se veía tan vulnerable que hasta la luz del día aún parecía lastimarle los ojos, ya que no podía mantenerlos abiertos por más de algunos segundos. El orgulloso padre nos relató detalladamente desde que surgió la sospecha de que ya era momento de trasladarse al hospital hasta que tuvo al bebé en sus brazos. Sólo que notaba en su relato una empatía con su mujercita que no dejaba de hacerme ruido en la cabeza. Estoy segura que no era intencional ya que ni siquiera él se daba cuenta de lo que decía, y es que con eso de la igualdad de géneros, se ha vuelto tan normal utilizar a diestra y siniestra el pronombre "nos" aunque el verbo que lo acompañe no sea recíproco, ni reflexivo ni recaiga su acción en el hablante y por lo menos en un agregado más, que pareciera que su actual uso se ha convertido en una buena herramienta para enfatizar el insistente -y completamente innecesario- afán de que ahora el hombre y la mujer tienen las mismas obligaciones y responsabilidades; hasta embarazarse, de carga tan femenina, de ser simplemente pronominal, ahora ha cambiado su categoría verbal, probablemente a ¿copulativo? En fin, regresando al relato del novicio, cuando decía algo así como "nos auscultaron, nos revisaron la dilatación, nos ubicaron en la sala de expulsión, aunque finalmente, nos hicieron césarea", no podía dejar de imaginarlo en condiciones que nunca, aunque su conciencia solidaria lo obligara, podrá experimentar. Conste que no soy feminista, ni tengo nada en contra del nuevo papá (a quien respeto y admiro por el apoyo incondicional a la madre de su hijo); es esto un simple reclamo al discurso que se ha generado por la supuesta coparticipación de géneros, pero seamos honestos, habrá siempre sucesos puramente femeninos y otros tantos, exclusivamente masculinos.
Por lo menos yo, aún no sabría cómo arreglármelas en un examen de próstata.

domingo, 13 de julio de 2008

La acumulación

El Economista Políglota no imaginaría que su idea sobre "El Período de Acumulación" pudiera tener una interpretación tan torcida como la mía, y no precisamente por su manera de explicarla, porque él siempre encuentra la forma más elocuente para manifestar sus pensamientos, y el tono más sútil para hacerme imaginar que algunas irrealidades tan lejanas, pueden estar al alcance de mi mano.
Para él, que es un hombre inteligente, que dedica su tiempo a las estadísticas, a los números y a las objetividades monetarias, acumular es un sinónimo de previsión económica, un cálculo para que sus proyectos sean reales, así que el acopio no sólo está permitido sino es indispensable; para mí, que soy una empedernida de la acumulación, haber concluido esto último fue la justificación perfecta para mi afanoso almacenamiento de cosas inservibles de las que me rehuso a desprenderme, como las fotos de mi salón de kinder donde aparece mi compañerito del que me enamoré, -un niño callado que aún no puedo sacarme de la cabeza, dicho sea de paso- o las copias del curso de Shybia que juro volveré a leer para ver si ahora sí las entiendo, o un colchón viejo, usado por los albañiles que construyeron la casa nueva, que se quedó por ahí algunos meses después de que ellos se fueron porque mi conciencia ecológica no me dictaba dónde tirarlo. Así que agradezco profundamente a mi querido Economista Políglota que con su idea me haya evitado el sufrimiento de tirar algunas de las cajas llenas de triquitos que ya no tienen cabida ni en mi casa ni en mi vida, y que su presencia sólo me confirma que no puedo evitar anclarme en el tiempo y sobre todo, que soy una fuerte candidata para padecer el Síndrome de Diógenes en un futuro.

jueves, 10 de julio de 2008

!Qué bonitos ojos tienes!










Queriendo simular esos que me ven a diario que aunque no haya sol, buscan sin descanso una luz.

martes, 8 de julio de 2008

Como las magdalenas de Proust


A pesar de tener la costumbre de caminar observando del piso a no más arriba de la altura de mis ojos, no suelo encontrar cosas llamativas a mi paso, quizá por mi baja capacidad de búsqueda ocular o por mi pérdida de asombro con los objetos triviales. Pero esa vez fue distinto, en esta tierra donde el panorama vegetativo se reduce a nopales, huizaches y tristísimos sauces llorones, no podían pasar desapercibidas esas pequeñísimas lanceoladas semillas secas, tratando de subsistir en el lodo, que según Pera, son los aretitos que sirven para distinguir a los árboles femeninos de los masculinos. Entonces, de inmediato subí la mirada con la convicción y la gran sorpresa de que en ese lugar había un fresno; en automático, esas figuritas puntiagudas me trasladaron, varios años atrás, a un patio de Gladiola #58, donde crecía sin miramientos el árbol más frondoso de la casa, muy a pesar de las tantas discusiones que causaban sus interminables hojas caídas en el otoño esperando ser barridas diariamente, sus largas ramas invadiendo el pulcrísimo jardín del vecino y las gruesas raíces que nunca han dejado apresarse por ningún tipo de piso. Con más de 32 años de vida, sigue ahí, haciendo de la temperatura de la casa un paraíso en verano aunque un suplicio en invierno. Es muy probable que las paredes que lo encuadran se desgasten, incluso desaparezcan porque bien lo advirtió el que lo plantó: "A ese árbol nadie lo tumba".

domingo, 6 de julio de 2008

Redefinir la S

El significado absoluto de las palabras no existe: nunca, siempre, todo, nada son ambiciones irreales, carecen de un sentido totalitariamente abarcador. Por eso, será bueno redefinir los límites de la "s".

jueves, 3 de julio de 2008

Eres tan transparente...

Te conozco más de lo que puedes conocerte a ti mismo. Una vez te hablé de tu sentimientos, esos que tal vez negaste para no lastimarme o quizá, verdaderamente aún te eran desconocidos. Con el paso de los días has confirmado que eran ciertos. De nuevo, tenía razón y no me creiste.