jueves, 31 de julio de 2008

La vida es buena

La vida es buena cuando me despiertan unos labios suaves y cálidos que se despiden; cuando desde mi cama veo por la ventana que aún no ha terminado de salir el sol y alcanzo con mi mano el libro que dejé la noche anterior; cuando mientras busco el pasaje exacto, acaricio mis pies desnudos con la tibieza de la sábana lentamente, como si intentara reconocer los pliegues que se han formado, cuando la neutralidad de los párrafos me adormila hasta perderme en el letargo, por corto que éste sea; cuando la aprendida tibieza de su mano abierta me cubre más de media espalda y me empuja suavemente a su pecho donde encuentro la tranquilidad para anidarme; cuando abro un jabón nuevo, despegando afanosamente las esquinas del empaque sin deformarlo para aspirar su perfume, manteniendo la envoltura pegada a mi nariz hasta que una irritable picazón me obliga a desecharla; cuando beso la finísima piel de los párpados de esos ojos cansados que me hacen cosquillas al abrirse; cuando logro olvidarme de los de la hormona adolescente y me acuerdo de disfrutar de los mínimos placeres que le devuelven la sensibilidad a mi existencia.

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