domingo, 21 de marzo de 2010

Primera Ley de la Termodinámica

Me deslizo a tu costado, serpenteo a tu derecha. No percibes mi cercanía, respiras profundo y en largas pausas intermitentes. Mi cuerpo frío envidia tu tibieza, quiere apoderarse de tu calor. Rebusco los huecos conocidos para instalarme en ti, engancho mi cabeza sobre tu hombro... sigues impávido ante el inminente robo de energía. Deslizo sigilosa mi mano sobre tu pecho, gimes tolerante. Mi vientre moldea tu cadera. Lentamente, invado tu espacio, te entrepierno. De forma automática enroscas tu brazo hasta mi rodilla.
Es el inicio de la transferencia de calor, es inevitable. Condescendiente, permites mi frialdad sobre tus muslos. Sabes que es cuestión de minutos para que te despojes de algunos de tus grados excedentes de temperatura provocando un equilibrio térmico. Mis pies frotan en forma de ondas tus plantas suaves, se entumecen mis dedos, la sangre activada cosquillea lastimera mis yemas. El piqueteo resulta confortablemente lacerante, se eriza mi espalda como último reflejo de escalofrío. Estoy a unos segundos de adquirir el balance que me adormece, tu ritmo cardíaco se acompasa con mi respiratorio.
Complacidamente aletargada beso en agradecimiento tus párpados por la indolora succión.

No hay comentarios: