sábado, 12 de marzo de 2011
Con ojos abiertos
Te veo recostado a mi lado y lo que se me antoja es contarte las pestañas. Así, quietas y abundantes, una por una, repasarlas con las yemas de mis dedos. Sé que si cerrara los ojos, tu imagen se iría así como sabes llegar, de pronto y sin avisar, aunque despertaría con un indeleble sabor a durazno en el surco mentolabial de mi boca, como el recuerdo tatuado de que volví a soñar contigo. Es preferible mantener los ojos abiertos un rato más para observarte oníricamente junto a mí. Quizá algún día me llene de valor, corra a buscarte y te toque las manos, quizá no. Prefiero tenerte ahí donde te he inventado y eres perfecto a mi modo.
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