miércoles, 15 de junio de 2011

Lluvia a oídos sordos

Eran ya las 3 de la mañana y tú aún hablabas. Hacía un ciento de frases que yo había dejado de escuchar. No podía concentrarme, tu boca no callaba. Empecé a sentir mis pies mojados, tú no dejabas de hablar. El agua empezaba a subir, no te dabas cuenta. El departamento se inundaba, yo quería entender a tus labios. No sabía lo que continuabas diciendo. Abrí un paraguas para resguardarme, tú aún me hablabas. El futón rojo comenzaba a flotar por la corriente de tus palabras. Los libros  se mantenían a flote en hileras zigzagueantes. No podía moverme, tú no querías callar.
Dejé de verte cuando a mis ojos llegó el nivel acuoso de la incomprensión.

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