Los simulacros de evasión son un fracaso: los puntos de encuentro están mal ubicados, los panfletos no contienen la información necesaria, no hay claridad en los señalamientos de salida... El evadido se desilusiona por nunca ser encontrado en su rincón y el evasor jamás se entera de cuándo debe enfrentar.
Más vale tirarse al suelo y a rastras buscar un lugar seguro en caso de ráfagas de recuerdos incómodos. Dejar pasar la crisis y atender a la evacuación de pensamientos en el instante por riesgo inminente.
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