Leer The street of a thousand blossoms de Gail Tsukiyama fue como un viaje en barco. Se empieza apretando el estómago, aguantando la respiración, se evita ver las profundidades... pero una vez que uno se acostumbra al vaivén de las olas, se puede disfrutar placenteramente del paisaje y de la brisa del mar, sintiéndo el sol en el rostro. A mí me tomó una tercera parte del libro para agarrarle el ritmo a la narración pero al final, los hermanos Hiroshi y Kenji se convirtieron para mí en personajes entrañables, junto a otros tantos que sobreviven los constantes ataques del infortunio en la literatura japonesa y que comparten estante en la biblioteca familiar. jueves, 15 de agosto de 2013
The street of a thousand blossoms
Leer The street of a thousand blossoms de Gail Tsukiyama fue como un viaje en barco. Se empieza apretando el estómago, aguantando la respiración, se evita ver las profundidades... pero una vez que uno se acostumbra al vaivén de las olas, se puede disfrutar placenteramente del paisaje y de la brisa del mar, sintiéndo el sol en el rostro. A mí me tomó una tercera parte del libro para agarrarle el ritmo a la narración pero al final, los hermanos Hiroshi y Kenji se convirtieron para mí en personajes entrañables, junto a otros tantos que sobreviven los constantes ataques del infortunio en la literatura japonesa y que comparten estante en la biblioteca familiar.
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