No sé porqué cada vez que digo mi nombre no falta quien quiera hacerse el simpático agregando un "ingenioso" comentario, sin saber que cae en los mismos chistes trillados de siempre. El que los dice no lo sabe, ingenuamente cree en su "originalidad" pero yo, que llevo toda mi vida escuchándolos, termino por fingir una sonrisa levantando las cejas. No es que mi nombre sea fuera de lo común o cause gracia, tampoco es motivo de noticia por haber encontrado en el registro civil alguien que se llame así. Es un nombre ordinario que generalmente provoca halagos, sin embargo, no es tan habitual como se esperaría.
Las bromas han ido evolucionando con el paso del tiempo pero iniciaron desde que apenas comenzaba a hablar. A mis primeros años, al oír ¿cómo te llamas?, contestaba educadamente, de inmediato y con mucha seguridad: Teta Nos Ta, que corresponde a la terminación de mi nombre y mis 2 apellidos; por supuesto, para hacerme desatinar, mi interlocutor decía "¿cómo que no'stá?, si yo la estoy viendo". Yo insistía con esas 4 sílabas, diciendo que así me llamaba, queriendo explicarle, sin saber cómo, que lo que decía no tenía qué ver con mi presencia. Después de repetir un par de veces el diálogo, el preguntón se despedía entre risitas juguetonas diciendo que era una niña muy linda, yo terminaba renegando y seguramente, chillando.
Años más adelante, el comentario automático después de decir mi nombre, fue: "¿y ya encontraste a tu Romeo?" ¡Ese nunca ha faltado! Poniendo cara de ingenuidad, al principio decía que todavía no. Y cuando lo encontré, para cortar la bromita, decía: "Sí, pero se llama Ramón", que en efecto, ese es su segundo nombre.
Ahora, la broma se ha hecho más contemporánea, Shakespeare (aunque sea un clásico) ya no es el primer referente en que la gente piensa. Ahora, cuando no digo mi apellido, ellos me lo agregan: "¿Venegas?" Y empiezan a pedirme que cante, o que saque el acordeón.
Muchas otras veces, concluyen que mis papás deben ser muy románticos por decidirse a nombrarme así, cuando les explico que sólo se les ocurrió por el mes en que nací, pareciera que rompo automáticamente su ilusión de romanticismo, aunque eso les da rienda suelta para empezar a imaginar cómo podría haberme llamado si hubiera nacido en marzo, abril, noviembre, etc.
En fin, me siento feliz con mi nombre y hasta con orgullo lo porto. Estoy resignada a soportar las ocurrencias de quienes me conocen, e inconcientemente debo disfrutarlas porque pareciera que hasta las provoco, ya que cuando van más allá de saber cómo me llamó y preguntan qué estudié, la listita de comentarios jocosos va en aumento... pero esos los dejamos para otra mejor ocasión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario