El año que acaba de terminar insistió en recordarme que soy más vulnerable de lo que creía, con sus constantes demostraciones ya me quedó muy claro que soy demasiado endeble, en todos los sentidos, emocional, profesional, económico, físico, material, ¡en todos! Yo que ya me sentía valiente y fuerte...
Para este 2010, tengo un firme propósito: No doblar las manos, no torcerlas, no esconderlas, a pesar del frío, porque sus torceduras ya me lastiman, me duelen. Ya me armé de unos buenos guantes que podrán servirme de protección contra las bajas temperaturas. Aunque aún no resuelvo cómo haré para darles la seguridad que necesitan cuando giran para encubrirse.
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